Cuando llueva...
mira al suelo
Cuando era pequeña imaginaba que, si saltaba dentro de un charco, podía entrar en un mundo paralelo.
Algo así como Alicia en el País de las Maravillas.
Me encantaba imaginar qué podría encontrar al otro lado.
Años después, con una cámara en la mano, sigo buscando charcos.
No para saltar dentro, sino para mirar dentro.
Los charcos te dan otra versión del mundo.
Una que no está a la altura de los ojos.
Así que agáchate.
Y pon la cámara al ras del suelo.
Un reflejo convierte una escena normal en otra cosa.
Añade profundidad, a veces misterio, y siempre una segunda lectura.
Y no hablo solo de charcos.
Cristales, escaparates, ventanas, espejos, superficies metálicas…
Los reflejos son un regalo en fotografía.
Te permiten contar dos historias en una sola imagen.
A veces, el reflejo es más interesante que lo que refleja.
Y ahora te cuento un secreto:
si no hay charcos… los invento.
Sí.
Una botella de agua, un poco de suelo, y ya lo tengo.
(Aunque viviendo en Orléans no lo necesito mucho, aquí no será por agua.)
Porque sigo creyendo, muy en el fondo, que los charcos son puertas.
Algunas solo se abren si te agachas.
⁂
Tomé esta foto frente a la Cathédrale Sainte-Croix d'Orléans. Tenía claro lo que buscaba: el reflejo. Esperé a que alguien atravesara la escena y, cuando apareció esta figura, su silueta dio sentido a la composición dentro del charco. Aunque la ropa de la chica no era exactamente la que me habría gustado, la presencia humana era lo que necesitaba la imagen. En la edición solo reforcé lo que ya estaba allí: subí ligeramente el tono(quitando el tono verdoso de la foto), la luz y el contraste para acentuar el reflejo y la atmósfera de la escena.
Hasta el próximo post.
Inquadratura




